MUDAR DE PIEL


Hoy se me asomaban a la cabecita preguntas respecto el proceso de cambio de piel de los reptiles. Estaba aún en mi cama, pensando en la inmortalidad del cangrejo y luego se asomó esta interrogante: ¿Cómo y por qué mudan de piel ciertos animales? Así que me fui hasta el gurú cibernético a indagar y bueno, hallé la información, por supuesto. Ya no me sentí más iletrada respecto al tema y luego, como han de esperárselo le saqué su respectivo símil asociado a nuestra realidad circundante.

Mudar de piel puede suponer tanto: bueno, en los reptiles supone un proceso biológico, obviamente, pero, ¿en los humanos? I mean, esto es ambiguo. No me refiero a un cambio de piel literal, sino retórico.

¿Cuántas veces hemos mudado de piel? ¿cuántas veces se nos es válido mudar de piel? ¿mudar de piel es sano? Fueron unas de las tantas variables que se desprendieron de esa búsqueda aleatoria del proceso biológico en los reptiles. Hasta que luego me encontré comparándome con una tortuguita. Ya les cuento el porqué.

Leí que, durante el año, los reptiles pueden llegar a cambiar de piel entre 4 a 12 veces; esto supone un proceso necesario, puesto que facilita su crecimiento y ayuda a mantener la salud del animal. Si no cambia de piel, puede ser incluso necesario recurrir a un veterinario porque se pueden generar graves problemas.

Así que, como parte de la siempre prevista y predecible introspección (haha), me encontré hurgando en mis propios cambios de piel y me hallé siendo parte de uno en este preciso momento. Un proceso necesario que, aunque a veces no sea tan obvio como el de un reptil, reivindica constantemente lo que somos. Un cambio de piel que nos saca de nuestra zona de confort, coloca y descoloca nuestros prejuicios, nos sorprende y nos ofrece la posibilidad de ir en la vía que conduce hacia el crecimiento: personal, espiritual o laboral, como bien quieran verlo.

¿Sano? por supuesto que lo es, ¿métricas? ninguna, solo la propia, esa que incluso a veces pasa inadvertida. ¿Serpiente o tortuguita?, es decir, ¿proceso rápido o proceso lento? sólo tú lo sabrás. Lo que sí es que, para seguir en contexto, para mí un cambio de piel es sólo todo aquel proceso que nos permite crecer o que supone un crecimiento a posteriori.

Proceso que puede ser un camino empedrado con pies descalzos, proceso que puede ser falto de energía, motivación e incluso confianza en nosotros mismos pero que sin duda alguna, es sano.

So, that’s why I am a little turtle abrumada, con manitos sudorosas y vocecita resquebrajada en medio de un cambio de piel, lento pero seguro; no sé si en algún momento seré serpiente, pero no juzgo mi proceso, me apropio de él.

Y tú, tortuguita o serpiente que me lees, ¿has sido consciente de tus cambios de piel?



1 thought on “MUDAR DE PIEL”

  1. Uno es consciente de ese cambio, en mi caso, me siento incómodo, reducido en mis capacidades, como “ve, soy capaz de más, pero estoy impedido, necesito cambiar algo”, como dices “nos ofrece la posibilidad de ir en la vía que conduce hacia el crecimiento”. Si estuviésemos siempre en nuestra zona de confort, nunca necesitaríamos hacerlo, pero siempre, por pequeña que sea la variación, sentimos esa necesidad de cambiar, ya nos queda pequeña esa piel, necesitamos deshacernos de ella.

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