Carta a un amigo

Los arrebatos son enemigos silentes del camino, del andar, del trayecto. Los arrebatos no propios del carácter sino de la metáfora que se materializa en vida, hacedores de decisiones. Viene pa’ acá, va pa’ allá, como judío errante: indulgentes y forajidos, que te quita, que te pone.

Yo me quedé en lo indulgente, porque continuaba clamando indulgencia al arrebato que te arrebató de cerquita mío.

Por eso te cuento, cuando un arrebato tuvo chance de personificarse entonces me personificó y tontamente apacigüé el paso, como señuelo, cual presa intenta ofuscar y escabullirse de su enemigo voraz. Chance no tuve de zafarme, fallé, entonces me sedujo y me atrapó. Una vez más, clamé indulgencia, desesperadamente, inútilmente.

El paso pesado y la energía sicaria hicieron lo suyo y en el encuentro mortal e involuntario resolvió ganar el arrebato. Sopesamos la distancia y el entuerto pareció echar raíces porque las conclusiones del encuentro se teñían de involuntarias, sórdidas y parecían devorar con ahínco lo vivido. Yo me fui, me perdí.

Y te seguía viendo desde el umbral.

El umbral paradójico que nos separó, donde confusamente yace la esperanza apoteósica del encuentro cercano. Cuál encuentro. Cómo así. Sigo junto a ti.

No hay distancias palpables cuando lo vivido se queda bailando, eufórico, fresquito, bonito.

Si supieras. Cuando me doy a la tarea indolente de palpar y asaltar de manera inescrupulosa mis pensamientos, a hurtadillas te encuentro taciturno surcando a la divinidad mientras esbozas una sonrisa cómplice. Yo callo, pero juego tu juego.

Recordando te vivo, pensaba, re-pensaba. La mismísima repetición de ese mantra buscaba desaforadamente interiorizarse, mientras que, a la par, la disrupción del sentimiento real se exteriorizaba a modo de herida incisiva. Pronto sanó. Pronto dolió. Pronto se recuperó. Pronto lo recordó. Entonces, cuando creía haberlo dejado a la sabiduría de Chronos, recomenzaba el pronto. Mientras, seguía re-pensando.

La aprobación del arrebato halló morada en la reflexión, vecina querida de la aceptación, porque cuando te creí lejos, te tenía cerca y te palpaba, justico, otra vez, como al principio, atrevido y jocoso en mis pensamientos. Y yo reparaba. Y yo escudriñaba. Y te volvía a vivir.

Era un involuntario pero sano trecho de descubrimiento. Porque re-descubrí y se reinventó nuestra amistad en formas etéreas y te sentía cómplice, y yo jugaba tu juego.

Con certeza de tu cercanía, etérea.  

2 thoughts on “Carta a un amigo”

  1. Sorprendida estoy, pero encantada me encuentro, definitivamente y sin duda me encanta lo que leo. Ánimo! Por aquí seguiré cafa fin de semana💃💃💃.

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  2. Gracias Hayren.
    “No hay distancias palpables cuando lo vivido se queda bailando, eufórico, fresquito, bonito.”
    Intrigante ese pasaje… a primera voz atrapa, luego en el momento de la reflexión es complejo, abierto y con muchos rumbos.

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